martes, 20 de septiembre de 2011

Historias de una historia inconclusa (I)

     Llevaba el reloj en la mano derecha, pero no era zurdo. También guardaba una púa en su cartera, aunque no fuera un gran músico. No sabía mucho más de él, pero qué más daba. A veces las buenas historias empiezan así, con dos desconocidos que todavía no se conocen y éste puede ser el principio, o el fin, o el principio del fin, pero sin duda forma parte de una historia.

   Una gran historia quizás, puede que terminada o tal vez inconclusa pero para saberlo, primero habría que contarla ¿No? Y para ello deberíamos concienciar antes al lector de que los príncipes no existen, a Blancanieves le gustaba la playa y ponerse morena, la moda ahora es besar lagartijas, no ranas,  Peter Pan quería ser mayor para lo que le interesaba, a Caperucita no le daba miedo el lobo, más bien era al revés, ¡Ah! Y las brujas… lo siguen siendo.

   Dados estos importantes avisos, podemos empezar este relato de amores y desamores, tragedias, engaños, celos y, por supuestísimo, puñales por la espalda, por el principio o por lo menos por uno de ellos porque es difícil saber con precisión y claridad en qué momento las cosas comienzan a cambiar y lo que es más cuando pierden el rumbo.

  Todo empezó un día de sol en el que Caperucita había decidido ir por otro camino a casa de su abuelita, la bella durmiente se pinchó con una rueca y un chico que no era zurdo, ni un gran músico, miró su reloj y se dio cuenta de que llegaba tarde…


1 comentario:

  1. Flore!!!! me encanta
    pero si no existe los príncipes y no se lleva besar ranas
    hay que pensar en nuevas soluciones... hay patos, cisnes
    y no lo olvides lagartijas!!! q son muy importante sino
    optamos por renacuajos jejejeje
    un besote :D

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