sábado, 10 de septiembre de 2011

Últimas veinticuatro horas



   Si al mundo solo le quedasen veinticuatro horas de vida, si supieras con seguridad cuando exhalarás tu aliento final  y pudieras elegir cuáles son tus últimos actos y la manera de llevarlos a cabo ¿Qué harías?

   Yo siempre supe mi respuesta, diría muchos te quiero. Serían todos de verdad, sobre todo aquellos que se hacen más duros de afirmar y los que sabemos que no van a ser correspondidos, porque debería pensarse antes en dar que en recibir. Me gustaría que esas fueran las últimas palabras que alguien me oyera pronunciar y que permanezcan grabadas  junto con una sonrisa y un gesto  alegre que se quedase aunque yo me fuera.

    Levanto la vista mientras pienso esto y miro como jugueteas con tu vaso mientras reflexionas. Me sonríes y dices algo que no conseguiré recordar, quizá algo ingenioso o inteligente pero que no podré retener en mi cabeza. Envuelta en tu voz, solo consigo despertar con un “¿Y tú?”

   Sentada en mi silla y a pesar de todos mis buenos propósitos, balbuceo algo y solo puedo pensar que por favor, necesito que al mundo le queden más de veinticuatro horas de vida.

    Te devuelvo la sonrisa.

2 comentarios:

  1. Una entrada realmente preciosa. Me ha gustado el texto muchísimo, y lo cierto es que da que pensar... Si sólo tuviésemos veinticuatro horas de vida, ¿cómo podríamos resumirlo todo en tan pocos minutos? Yo también te sonrío, un diez por el texto. Aunque los otros tres son igual de buenos y originales. Tiernos, dulces y con un toque de sarcasmo que te hace indagar en las claves de la vida, en esas pequeñas cosas que nos mantienen vivos pero que, sin embargo, estamos tan ocupados como para pararnos un momento a pensar en ellos y reflexionar. Mis felicitaciones y a seguir así Carmencita.

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  2. Esta entrada te hace pensar en el "carpe diem", que vivamos cada momento como si fuera el último... muy sencillo de decir, ¡pero tan difícil de hacer!

    Aunque, yo no cambio esas miradas, esos gestos, esas mariposillas en el estómago a causa de esa dulce espera por los grandes (o pequeños) momentos de la vida por nada del mundo.

    :)

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