lunes, 31 de octubre de 2011

Un beso tuyo...

   Encontré un beso tuyo el otro día. Se había quedado en mi cuello. Fue el único que sobrevivió. Aferrado a la piel cercana a la garganta se negó a moverse durante mucho tiempo y combatió contra todo tipo de tempestades. No quería marcharse, el muy cabezota. No existía forma de negociar, ni sobornos posibles. Ni siquiera parecía querer escucharme. Le odié. Sobre todo cuando se metió en mi cabeza y dándole una patada a la caja que lleva tu nombre la tiró al suelo desordenándolo todo. Otra vez.

   Volvió al cuello con aire malicioso y me saco la lengua. Se me escapó una sonrisa. Me recordó a ti.

   ¡Habrase visto personaje más rastrero! He de decir que me enfurecí. Le grité con todas mis fuerzas y le dije que se fuera y  no regresara nunca. Reconozco que perdí un poco los papeles. Me di cuenta cuando a tu beso le cayó una lágrima y me miró con  disgusto y desaprobación y antes de partir, me dijo que si yo realmente hubiera querido, se habría marchado hacía ya mucho tiempo.

jueves, 27 de octubre de 2011

A soñar...

Soy un soñador, amante de historias imposibles y sanador de almas rotas. Para mí las causas perdidas no existen, solo la falta de imaginación y la sobredosis de cobardía.

    Soy un soñador. De esos que no se rinden nunca o, al menos no pierden la esperanza. Me llaman loco, iluso, dicen que no vivo en este mundo, que nadie sobrevive a base sueños. Pero lo que no entienden es que mientras ellos malgastan su tiempo  conformándose  yo trabajo por mantener los sueños vivos y hacerlos más reales. Acercándolos poco a poco. Lentamente. A veces parece que puedo llegar a tocarlos… Quizá algún día se cumplan. Quizá no. Pero estaré más cerca que aquel que nunca lo ha intentado.

    Te invito a soñar conmigo. A ver que las cosas nunca son tan blancas. Ni tan negras. En realidad pueden ser azules o verdes, o rosas, depende de cómo te levantes esa mañana y de la actitud con la que estés dispuesto a enfrentar el día.

    Y si quieres un consejo: sueña. Siempre. A todas horas. Todos los días. Porque es la única forma de mantenerse despierto en un mundo que cerrándonos los ojos, ya no valora que sueño a sueño y paso a paso se mejora y se consiguen las metas que realmente nos harán ser felices.

domingo, 23 de octubre de 2011

Intuición



La verdad, lo intuía. No sé cómo ni por qué.  A lo mejor fue un sexto sentido, igual que el que nos avisa del miedo y nos dice que seamos cautelosos. O tal vez una corazonada, un pálpito, un no sé qué, que se te mente por dentro y te deja con un mal presentimiento en el cuerpo. Algo que pensamos un segundo y que luego ignoramos y apartamos de nuestra mente veloces, para no sentirnos pesimistas ni creernos sabedores del futuro.
  De todas formas, ocurrió. El pálpito se hizo realidad. Volvió a mi cabeza el fugaz pensamiento y me golpeó como un gran bloque de hielo. Dejándome igual de fría e inerte.
  Una imagen, esa fue la prueba. Solo una imagen que vi un momento.  No me sorprendí, no me extrañé, pero eso no hizo que doliera menos, ni me lo tomara mejor; más bien acabé reprochándome no haberle hecho caso al latido que intentó avisarme del desastre, el mismo que antaño había comenzado a palpitar alegremente con el sonido de tu voz hasta que no pude ignorarlo.


martes, 18 de octubre de 2011

Si tu estás cerca...

     Si tú estás cerca, duele menos. Si me haces reír, se me olvida por momentos. Si me miras de reojo con una media sonrisa en la boca, empiezo a creer que la tristeza ya se marcha. Y, si además  me vuelves a decir sin palabras, que estás deseando volver a verme, me recorre un escalofrío acompañado de una sensación muy  familiar, creo q se llamaba… ilusión.

sábado, 15 de octubre de 2011

Esfuerzo. Paciencia. Constancia...

        Esfuerzo. Paciencia. Constancia. Perseverancia. Siempre fueron mis herramientas, las más perfectas que creí que podía tener para conseguir cualquier cosa. Pero a veces fallan y te quedas sin nada. El final feliz por el que tanto trabajaste se ve hecho trizas en cuestión de segundos y agotado, y sin saber que hacer a continuación a uno solo le queda el preguntarse por qué ha salido mal.
  Cuando estamos tirados en el suelo,  con todo roto a nuestro  alrededor, y  ya sin fuerzas, es cuando empieza lo verdaderamente difícil o, en cualquier caso, lo verdaderamente sorprendente: el momento en que movemos una mano y con un poco de impulso ya tenemos una rodilla hincada en la tierra. Es la primera señal de que conseguiremos levantarnos por completo.
  Aunque parezca mentira, seremos más fuertes y sabios; entonces es cuando nos damos cuenta de que a lo mejor lo importante no es el final en sí, si no las cosas que hicimos por el camino y que ahora nos llevan a ser lo que somos y nos preparan para el siguiente reto.
  Puede que el final feliz, no consista en honores ni meritos, en príncipes ni besos, quizás solo sea volver a empezar de cero y tener una puerta abierta a nuevas oportunidades que de otra forma no se nos presentarían o no seríamos capaces de superar, esta vez, con éxito.

lunes, 10 de octubre de 2011

Historias de un historia inconclusa (IV)

HISTORIA DE UN PRÍNCIPE (Tercera parte)

Aquí no va a haber batallas entre Bruja Piruja y Princesita, porque recordemos que esto fue en un reino no muy lejano, posiblemente al doblar nuestra calle y las guerras con espadas y dragones causan demasiado ruido.  En esta historia, el príncipe, quien hace las veces de damisela en apuros al haberse tomado una poción que todos creemos mágica, es quién debe tomar una decisión.

¿Qué paso al final? Ahora vamos.

 A todos nos gustan las cosas nuevas, pero cuando ya no son tan nuevas nos cansamos de ellas. No piensen  queridos lectores que Príncipe Azul se cansó de las escobas y los ungüentos. No. Más bien un día descubrió que era Bruja Piruja la que se había cansado de él decidiendo sustituirle por un gigante muy feo pero también mucho más fiero.

                 Cuando Príncipe, que ya empezaba a ser Azul Claro regresó, se dio cuenta de que ya no encontraría a Princesita, pues ésta, tirando su libro de chistes al contenedor más sucio y apestoso del reino, había huido a las más alta torre de la más alta montaña. Mirando al cielo del color del príncipe que tanto quiso, decidió escribir canciones para sosegar el dolor de todos aquellos que como ella, también tienen el corazón roto. Y cada noche, justo antes de dormir, abre un poco la botella de los suspiros, que ya pesaba bastante, y deja a escapar uno, que vuela hasta llegar a acariciar la mejilla de Príncipe, esté donde esté, y le recuerda por qué los chistes ya no le hacen tanta gracia como antes.

 Un buen día, mientras Princesita escribía en su ventana, un sospechoso búho apareció e hizo “CU-CU”. Pero eso ya es otra historia…

O quizá no.


jueves, 6 de octubre de 2011

HIstorias de una historia inconclusa (III)

HISTORIA DE UN PRÍNCIPE (Segunda parte)
En una noche estrellada ideal para cazar, conoció a Bruja Piruja. Que era más fea que guapa y por lo visto no tenía muchos amigos. Tampoco tenía una verruga en la nariz pero si un don para engatusar y una pócima elaborada con pelo de sapo, ojo de pez y dientes de rata.
Príncipe Azul, ni falta hace decir que acabó bebiendo dicho ungüento  que sabía realmente mal y por alguna extraña razón, rascaba la garganta. Mientras tanto, la pobre Princesita, dormía ajena entre almohadones en su colchón de plumas, con el gran libro de chistes en la mesilla de noche que había estado leyendo hasta las tantas con la esperanza de poder ver sonreír una vez más al príncipe que tanto quería.
  Al día siguiente no le vio. Ni al otro. Ni al otro. Y cuando se produjo el ya no tan afortunado encuentro, se percato de algo extraño en él. Príncipe Azul  ahora era marrón. La poción mágica le había cambiado de color – un color que le parecía muy feo – y ahora había descubierto que le gustaba montar en escoba, matar bichejos para elaborar pócimas en un gran caldero, reírse con una risa malvada que hacía llorar a los niños y lo peor era que… repentinamente se había enamorado de Bruja Piruja.
                 A Princesita le cayó el alma a los pies. Sus chistes y canciones no podían competir con escobas voladoras, ni ella con una bruja encandiladora. Por eso, con el corazón en un puño, le dijo adiós a Príncipe, dio media vuelta y se fue.
                                                                              Continuara...

domingo, 2 de octubre de 2011

Historias de una historia inconclusa (II)

            HISTORIA DE UN  PRINCIPE (Primera parte)

            En todas las historias de múltiples tramas, suceden una serie de acontecimientos que podríamos calificar como catastróficas desdichas, que dan lugar a resultados aún peores. Aunque, al fin y al cabo es lo que da emoción y un argumento en condiciones.

Ésta es la historia de  un príncipe y una princesita que vivían en un reino no muy lejano, posiblemente al doblar tu calle o  la mía.

Príncipe Azul – No cambiaremos el color para seguir el canon de los príncipes – era encantador. De película. Muy amable con todo aquel bicho viviente que se le acercase y su sonrisa a veces hasta deslumbraba al propio sol. Así, era muy querido por los habitantes de todo el reino.

Princesita, que no era especialmente pequeña, era muy dulce. Le gustaba cantar, bailar y comer cualquier cosa que llevara chocolate, pero lo que más le gustaba en el mundo era ver sonreír a Príncipe Azul. Por eso siempre que podía, y procuraba que fuera muy a menudo, le cantaba canciones  o le contaba chistes.

Príncipe, que ya dijimos que era encantador, estaba encantado con Princesita y todas sus muestras de afecto.   Aunque no lo reconociera, siempre estaba deseando verla, oír su voz y mirar su cara de alegría cada vez que sonreía.

Por su parte, nuestra chica, a veces en secreto y otras no tanto, estaba perdidamente enamorada de él y nada podía hacer para remediarlo. Guardaba todos sus suspiros en una botella. Cientos de pequeños soplos de aire melancólico que quizás algún día le servirían para algo provechoso.

                 Una de las aficiones de nuestro caballero andante, además del fútbol, era la caza. Por las noches iba al bosque, y aunque nadie sabía cómo se las arreglaba porque no era muy diestro en el arte de la cacería, ya había conseguido una considerable colección de presas, como trolls, orcos y otra serie de bestias igualmente horripilantes.

Sí, aunque quede feo en esta historia tan bonita, Príncipe Azul, que era encantador, no cazaba ositos de peluche con flechas con ventosa, no. Cazaba feas alimañas. Cosa que nadie entendía, porque luego estas no servían para nada útil y eran bastante tontas.
Continuará....