domingo, 2 de octubre de 2011

Historias de una historia inconclusa (II)

            HISTORIA DE UN  PRINCIPE (Primera parte)

            En todas las historias de múltiples tramas, suceden una serie de acontecimientos que podríamos calificar como catastróficas desdichas, que dan lugar a resultados aún peores. Aunque, al fin y al cabo es lo que da emoción y un argumento en condiciones.

Ésta es la historia de  un príncipe y una princesita que vivían en un reino no muy lejano, posiblemente al doblar tu calle o  la mía.

Príncipe Azul – No cambiaremos el color para seguir el canon de los príncipes – era encantador. De película. Muy amable con todo aquel bicho viviente que se le acercase y su sonrisa a veces hasta deslumbraba al propio sol. Así, era muy querido por los habitantes de todo el reino.

Princesita, que no era especialmente pequeña, era muy dulce. Le gustaba cantar, bailar y comer cualquier cosa que llevara chocolate, pero lo que más le gustaba en el mundo era ver sonreír a Príncipe Azul. Por eso siempre que podía, y procuraba que fuera muy a menudo, le cantaba canciones  o le contaba chistes.

Príncipe, que ya dijimos que era encantador, estaba encantado con Princesita y todas sus muestras de afecto.   Aunque no lo reconociera, siempre estaba deseando verla, oír su voz y mirar su cara de alegría cada vez que sonreía.

Por su parte, nuestra chica, a veces en secreto y otras no tanto, estaba perdidamente enamorada de él y nada podía hacer para remediarlo. Guardaba todos sus suspiros en una botella. Cientos de pequeños soplos de aire melancólico que quizás algún día le servirían para algo provechoso.

                 Una de las aficiones de nuestro caballero andante, además del fútbol, era la caza. Por las noches iba al bosque, y aunque nadie sabía cómo se las arreglaba porque no era muy diestro en el arte de la cacería, ya había conseguido una considerable colección de presas, como trolls, orcos y otra serie de bestias igualmente horripilantes.

Sí, aunque quede feo en esta historia tan bonita, Príncipe Azul, que era encantador, no cazaba ositos de peluche con flechas con ventosa, no. Cazaba feas alimañas. Cosa que nadie entendía, porque luego estas no servían para nada útil y eran bastante tontas.
Continuará....

1 comentario:

  1. Me gusta ese repentino cambio de los 2 últimos párrafos, no era esperable, pero de alguna manera te devuelve al realismo. Las apariencias engañan!

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