jueves, 6 de octubre de 2011

HIstorias de una historia inconclusa (III)

HISTORIA DE UN PRÍNCIPE (Segunda parte)
En una noche estrellada ideal para cazar, conoció a Bruja Piruja. Que era más fea que guapa y por lo visto no tenía muchos amigos. Tampoco tenía una verruga en la nariz pero si un don para engatusar y una pócima elaborada con pelo de sapo, ojo de pez y dientes de rata.
Príncipe Azul, ni falta hace decir que acabó bebiendo dicho ungüento  que sabía realmente mal y por alguna extraña razón, rascaba la garganta. Mientras tanto, la pobre Princesita, dormía ajena entre almohadones en su colchón de plumas, con el gran libro de chistes en la mesilla de noche que había estado leyendo hasta las tantas con la esperanza de poder ver sonreír una vez más al príncipe que tanto quería.
  Al día siguiente no le vio. Ni al otro. Ni al otro. Y cuando se produjo el ya no tan afortunado encuentro, se percato de algo extraño en él. Príncipe Azul  ahora era marrón. La poción mágica le había cambiado de color – un color que le parecía muy feo – y ahora había descubierto que le gustaba montar en escoba, matar bichejos para elaborar pócimas en un gran caldero, reírse con una risa malvada que hacía llorar a los niños y lo peor era que… repentinamente se había enamorado de Bruja Piruja.
                 A Princesita le cayó el alma a los pies. Sus chistes y canciones no podían competir con escobas voladoras, ni ella con una bruja encandiladora. Por eso, con el corazón en un puño, le dijo adiós a Príncipe, dio media vuelta y se fue.
                                                                              Continuara...

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