lunes, 31 de octubre de 2011

Un beso tuyo...

   Encontré un beso tuyo el otro día. Se había quedado en mi cuello. Fue el único que sobrevivió. Aferrado a la piel cercana a la garganta se negó a moverse durante mucho tiempo y combatió contra todo tipo de tempestades. No quería marcharse, el muy cabezota. No existía forma de negociar, ni sobornos posibles. Ni siquiera parecía querer escucharme. Le odié. Sobre todo cuando se metió en mi cabeza y dándole una patada a la caja que lleva tu nombre la tiró al suelo desordenándolo todo. Otra vez.

   Volvió al cuello con aire malicioso y me saco la lengua. Se me escapó una sonrisa. Me recordó a ti.

   ¡Habrase visto personaje más rastrero! He de decir que me enfurecí. Le grité con todas mis fuerzas y le dije que se fuera y  no regresara nunca. Reconozco que perdí un poco los papeles. Me di cuenta cuando a tu beso le cayó una lágrima y me miró con  disgusto y desaprobación y antes de partir, me dijo que si yo realmente hubiera querido, se habría marchado hacía ya mucho tiempo.

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