miércoles, 9 de noviembre de 2011

Amarillo

-          Dime algo alegre.

 Era una pregunta fácil, pensé. Si tuviera que hablar sobre algo alegre, lo primero que se me viene a la cabeza es su risa, su forma de saludar como si tú fueras la única persona que a ella le apetece ver; la manera de abordarme con historias disparatadas y preguntas peculiares. Observar cómo se aparta el pelo hacia un lado cuando se quiere concentrar en algo o perder la noción del tiempo contemplando sus ojos expectantes y ansiosos por escuchar mi respuesta…

-           ¿Y bien?

-           Amarillo- me oí decir.

-            ¿Amarillo? – rió como calibrando mi ingenio

-            Sí, amarillo- parecí convencerla

-             Pero… ¿amarillo plátano?

-             No, ése a veces tiene manchas marrones. Amarillo chillón.

-            Amarillo  pollo, entonces

-             No,  he dicho chillón. Así – y en un momento de despiste le arrebaté su carpeta amarilla de las manos.

-            ¡Eh!

-            ¿Ves? Ese es el que más me gusta

Puso una mueca de indignación – Eres un gamberro

-            Y tú muy rara ¿Por qué quieres que te diga algo alegre?

-          Me intrigaba.

-          ¿Mi respuesta?

-          El tiempo que tardarías en contestarme.

-          ¿Y has sacado alguna conclusión?

-          Sí, has tardado mucho.

-          Era una pregunta demasiado fácil.

-          Ya lo suponía. – respondió sonriendo.

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