lunes, 26 de diciembre de 2011

Algo diferente.

    Había un chico en mi parada del autobús el otro día. Uno de tantos. Pero éste tenía algo diferente, sostenía un libro en las manos y leía con calma mientras el remolino de gente que aguardaba la cola crecía a su alrededor.  No pude evitar observarle de vez en cuando, intentando atisbar el título de la novela que le hacía pasar página con el ansia de quién está siento devorado por una buena prosa y una mejor trama.

    Quizá fuera un loco por la ciencia ficción, o un romántico amante de la poesía, tal vez estuviera en medio de un duelo en el oeste o navegando por los mares del sur. Estuviera donde estuviera, seguro lejos de aquí.

    Me invadió una sensación de calma y tranquilidad que en un primer momento no supe identificar, pero que luego deduje, es la satisfacción y la alegría al comprobar que todavía quedan personas -  unas pocas -  que no sustituyen un buen libro por una pantalla brillante y un teclado.

    No conocía a ese chico y seguramente no le vuelva a ver pero, aunque suene exagerado, podría decir más cosas de él que de cualquiera de las demás personas que estaban a mi alrededor esa mañana, simplemente por el amigo paginado que llevaba entre las manos.

     En un momento, él me devolvió una sonrisa cómplice. Una de esas que te conmueven, porque alguien que no te conoce acaba de apreciar algo en ti que muchos de los que están a tu lado a diario no ven.

   Como si fuera un descuido, al pasar cerca de mi dejó entrever las letras brillantes de la portada. ¡Ya lo tenía! Y con un rápido gesto, vi que él también había intentado adivinar de qué era el volumen de tapas desgastadas que yo acababa de cerrar por que ya era hora de subirse al autobús.

(Basado en un texto de A.P.Reverte)

1 comentario:

  1. Carmen, qué bonito!
    este texto tiene ese "algo" especial que me encantó^^
    será porque me siento un poquito identificada: yo tampoco sustituiría un buen libro por nada;)
    un beso!!

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