martes, 17 de abril de 2012

Hoy, que me dio por pensar...


       Hoy, que me dio por pensar, volví a preguntarme por qué fuiste tan importante, si al final tampoco te diferencias tanto del resto, con tus dos ojitos, nariz, boca y un montón de ideas desordenadas en la cabeza; mirándote detenidamente nada te hacía especial.
      A lo mejor fue porque me dio por buscar un poco más a fondo, por intentar fijarme en las cosas que nadie ve, que son las que a más me gustan y las que para ti son insignificantes.
     ¡Qué bonitas son las cosas sencillas!: una sonrisa, un guiño de ojo, un “mañana te vuelvo a ver”, y qué bien sentaba escuchar tu voz antes de que los rayos de sol hubiesen aparecido. Una vez me dijeron que le felicidad era eso, apreciar los pequeños gestos, que al final son los que causan las mayores alegrías y lo que más echamos de menos cuando nos faltan ¿Verdad?
   Ciertamente, hoy me dio por pensar y pensé en ti. Fue bastante raro porque hacía mucho tiempo que no pasabas por mi cabeza. Te recibí como a un extraño. Como a ese amigo que se marcha y con el que acabamos sustituyendo la palabra confianza por cortesía. Aún así me invadió una ola de nostalgia. De esa que se te mete por la nariz, inunda los ojos y bombea  el corazón. Me encanta.
   Me encanta todo lo que tiene que ver contigo, solo que ya no pienso en ti. Ni creo que lo vuelva a hacer porque  el tiempo desgasta tus recuerdos y los sumerge en un plácido sueño del que, si no vuelves y los acaricias suavecito, no volverán a despertar.

domingo, 15 de abril de 2012

No, no vale.


…¿Has deseado algo con tanta determinación que harías lo que fuera para conseguirlo? No importa qué o quién se ponga por delante, no podrá hacerte dudar. Y mucho menos desistir.

¿Has decidido que nunca te conformarás con un “No” por respuesta si crees que todavía queda esperanza?

    Resignarse es abandonar un camino erróneo… para probar suerte en otro, teniendo en mente siempre la misma meta y, confiando en que todos los esfuerzos pasados fueron solo un paso más hacia un futuro que se verá recompensado. Así continuaremos  seguros de nuestros actos aún por los caminos insospechados por los que nos lleve la vida….

miércoles, 14 de marzo de 2012

Un pedacito de...



....   Dicen que el amor nunca se olvida. Es cierto. Y que duele horrores, también lo es. Que a nuestros veinte años nos queda toda una vida por delante y que esto solo será una batalla más que recordaremos cuando nos encontremos por la calle dentro de otros veinte.  A esto último, nunca hago caso. Me parece una estupidez, al igual que la frase  “Hay muchos peces en el mar” ¿Qué enamorado – enamorado, digo -  en su sano juicio está de acuerdo con esto? Yo siempre he sido más de medias naranjas.  Quizá por eso estoy así de colada.  Creo que toda la vida he pensado que tengo una forma… llamémosla peculiar, de ver el mundo. Tú me decías que era parte de mí, que te gustaba. Que era única.  

    Al final de todo, con lo que me quedo, es con un beso. No importa cuántos desencuentros hayamos tenido, ni cuantas veces tiemble porque  no me vuelva a latir el corazón. Siempre se recupera. Un poco más débil que antes y con alguna que otra herida de guerra pero de nuevo, expectante. Es sorprendente la capacidad que tenemos los humanos de olvidar el dolor y guardar solo las cosas buenas. Es algo que me fascina cada día.
    Ahora me he vuelto inmune a todo. Decidí que nada mas me afectase y así fue. Sin verte ni oír tu voz, llegue a creerme no solo fuerte, sino recuperada. Aprendí que los besos pueden significar mucho o nada y a ser la que juega y no el juguete. Que el cariño y el amor son cosas distintas al igual que la diferencia entre herir y ser herido. Todo esto, no solo resultó nuevo para mí, sino que hizo que me diera cuenta de que al igual que las monedas, todas las personas tenemos una cara que mostrar y una cruz que siempre se oculta.
   Entonces un día, volví a oír tu voz...
                                        

viernes, 9 de marzo de 2012

SET FIRE TO THE RAIN

 ( Dale al play !! :D )


    ¿Por qué no puedes, simplemente, dejarlo ir? Por qué insistes y vuelves.  ¿Será acaso que duele perderlo? ¿Será que entonces te importaba más de lo que tú mismo llegaste a pensar?  Cuando no queremos algo no nos quema que se escape, que otro lo tenga. ¿Sientes un pinchazo al saber que hay alguien que puede derrotarte? Que ya no eres lo único. El único.
  Con un beso me salvaste cuando la vida no tenía color  y me hundiste después, al hacerme creer que todo formaba parte de mi imaginación. Es lo que pasa por querer empezar las historias por el final, que luego tratamos de ponerles un principio y nos damos cuenta de que puede que ya fuera demasiado tarde.
   Llegué a ser suficientemente fuerte como para sostenerme entre tus brazos sin caer a tus pies, pero posiblemente había partes de ti ni que ni si quiera conocía, es más, creo que tú tampoco las habías descubierto aún. Todos los juegos a los que jugaste, a los que jugamos, fueron solo falsas ilusiones de algo que, al final,  era tan real como tú y yo.
  Por eso  prendí fuego a la lluvia, porque ya estaba cansada de llorar y para que las gotas de agua te quemaran la cara igual que a mi cada una de esas lágrimas que gritaban tu nombre una y otra vez.
   Entonces despierto, con la esperanza de volver a verte. No sé a qué sigo esperando, si ya sé que todo está acabado, que la vida sigue su curso y que tu cobardía y mi orgullo no nos harán volver atrás.
   Pero, ¿Te duele? ¿Duele perder algo que en el fondo querías? ¿Eres suficientemente valiente como para intentar  volver atrás? Piénsalo bien, porque esta es la última vez que voy a gritar tu nombre, que voy a prender fuego a la lluvia…

 (Basado en la canción de Adele - Set fire to the rain)
  

miércoles, 7 de marzo de 2012

Madurar... o caerse del árbol.

    Viejo amigo, me preocupas. ¿Realmente piensas que hemos cambiado tanto? Que ya no seremos aquellos que un día se rieron de las mismas bromas y compartieron camino y ahora todo quedó atrás. ¿No te has parado a pensar que quizás hoy somos mejores? Más sabios y perfectos, aunque sólo sea un poquito, y más maduros, puede; Ese es un tema que parece preocuparte últimamente y yo no logro entender. Explícame, cuéntame ¿qué es lo que temes? Acaso te entró complejo de manzana y te da miedo caerte del árbol ¿Es el golpe lo que te asusta, o el viaje en sí? Mi consejo es que disfrutes de ambos: de la velocidad de la caída, la intensidad del encontronazo y sobretodo de la emoción de no saber a dónde te llevarán tus decisiones.

   Suena mal, cierto. Suena q crecer, elegir, arriesgarse y a responsabilidad. Tendríamos que abandonar todas estas palabras para volver con Peter Pan y seguir siendo  niños, que es lo que posiblemente, a todos nos gustaría. Pero no podemos. Te lo digo de antemano. Así que, mejor tomarse la vida sin agobios y con una filosofía aventurera.


   Las elecciones que hiciste hasta ahora, con sus fallos o aciertos construyen quien eres hoy, y la persona que serás mañana. ¡Seguro que de esto no te has dado cuenta!, ¿Fue difícil llegar hasta aquí? Puede, o puede que no, pero llegaste, posiblemente con algún que otro moratón, herida de guerra o cicatriz de una gran hazaña, pero sigues en pie. ¿Lo habías planeado? ¿Habías planeado como sería el viaje hasta ahora? La gente que conocerías o las cosas que te harían reír. No. Entonces ¿Por qué te preocupa crecer? Si es algo que pasa todos los días, y lo mejor, sin que tú te des cuenta. Siempre he pensado que no hay mejor cosa que ser como el Principito y ver el mundo desde una perspectiva diferente… sencilla.


   También, he de decirte que no te engañes, por que los errores – si es que los consideramos así - o las decisiones tomadas a medias, se comenten por miedo, no por falta de madurez y no conviene usar ésta como escudo ante lo que nos asusta. ¡Yo qué pensé que eras valiente! Ni si quiera Peter Pan te confiaría para luchar contra Garfio.

  Arréglalo. Busca lo que realmente quieres y lucha por ello. No lo llames madurar, llámalo aventura y no lo tengas como responsabilidad si no como desafío. Dale emoción a la vida si no la tiene y ponle música si te aburre. No pienses en cómo serás mañana sino en tu forma de actuar hoy, que es lo que te convertirá en la persona que realmente querrás ser.


  Amigo mío, simplemente, vive.
                                                                                                                             


  

jueves, 23 de febrero de 2012

TIC... TAC

    El sonido de las agujas del reloj se volvió un ruido insoportable que hacía cada vez más terrible la frustración de verse frente a una hoja en blanco y no ser capaz de rellenarla.   Su motor para escribir tenía nombre propio y vivía en la misma ciudad. Ya no sabía unir dos frases  que no dibujaran su sonrisa o describieran cual elocuente era al hablar. Podía cambiar de estilo, variar la temática pero siempre, al leer, el resultado era el mismo: entrelíneas una historia, la suya.
     Siempre creyó que ninguno de sus relatos podría hacerle justicia, por muy fiel que fuera a los hechos, por mucho que quisiera describir las situaciones, había sido demasiado y para comprenderlo habría que vivirlo con los cinco sentidos. Aún así jamás se quedaba sin  ideas y con un bolígrafo en la mano, intentaba recomponer poco a poco pedazos de su vida y mostrárselos a los demás y a ese alguien en particular de una forma subliminal y con metáforas e ironía que, pareciendo alegres, reflejaban en realidad una gran tristeza.

     Ahora se enfrentaba a un nuevo problema: el motor se había parado. No tenía nada más que escribir. Posiblemente ya había relatado todo lo que se pudiera contar sobre una historia en la que ya no había más vuelta de hoja.

Una noche soñó y se encontró frente a los ojos que tantas veces había descrito.

-No tengo nada más que decir sobre ti

-Podrías describir este sueño, por ejemplo. – sugirió.

-Ya de nada sirve, los sueños son solo falsas ilusiones.

-¿Entonces?

-Entonces necesitaría volver a ver tu sonrisa pero… creo que ya no habrá más connotaciones amorosas, es todo puramente profesional, ya sabes, los escritores necesitamos algo que nos impulse a escribir, a pesar de que se esté convirtiendo en una simple rutina.

- Ese impulso era  yo

-  Exacto, aunque creo que te estás apagando.

- Eso no me ha gustado nada. Me duele.

- No puede dolerte, no eres real, tan solo estás en mi imaginación esta noche.

- Se que no me gustará cuando lo descubra.

- Quien sabe, siempre has sido bastante impredecible.

- Así que- dijo el sueño tristemente- me abandonas, dejo de ser tu motor y tu inspiración. ¿Puedo saber por qué?

-  Porque me parece…  que me estoy desenamorando de ti.


miércoles, 1 de febrero de 2012

La primera impresión

  Por culpa de los nervios derramó el café, escupió mientras hablaba y vocalizar se volvió una tarea más difícil de lo que hubiera imaginado. Intentó serenarse y mantener la compostura, o por lo menos el equilibrio al sostener su taza. Debía de parecer la cosa más desastre del mundo en ese momento  y todo por querer causar una buena impresión.

   Miró con nerviosismo a los ojos examinadores que tenía en frente, preguntándose por el estado de su pelo, o por alguna mancha imprevista en su atuendo. ¿Por qué era tan importante aquella primera imagen, aquel primer encuentro? Si al fin y al cabo no hay peor cosa que ser juzgado y etiquetado por alguien que aun no tiene la suerte- o la desgracia- de conocernos. ¿Es el primer vistazo lo que define cómo somos o qué queremos ser? Lo dudaba, pues creía que las personas son mucho más que una conversación atropellada, y un solo momento no es suficiente para conocer al hombre mas sencillo.

   Respiró hondo y sonrió,  esta vez con más tranquilidad. Se relajó en su asiento y comenzó a parecerse a la persona que era todos los días, la que hablaba y reía con transparencia y sin temor.

  Su interlocutor se revolvió en la silla, quizá con un aire  amigable y menos crítico.  Si no, siempre nos quedara pensar que es, por su parte, una forma muy tonta de perder a alguien, antes de darle tiempo a que nos gane.

domingo, 29 de enero de 2012

Historias de una historia inconclusa (VI)

LA VERDADERA HISTORIA DE CAPERUCITA ROJA (Segunda Parte)     

 -     Bobo, tu… ¿Vendrías conmigo a jugar al pueblo?  – preguntó un día Caperucita - Estoy segura de que lo pasaríamos muy bien, tenemos un parque y ….

Lobo Feroz abrió los ojos como platos. – No – respondió- Me vas a llevar a la escuela.

-   Yo no he dicho que tuvieras que ir a la escuela.

-  Pero ambos sabemos que me querrás llevar.

-  ¡No!

-  No iré y punto. Además seguro que también quieres hacerme comer pastel de chocolate con cubiertos y servilleta. ¡No, no, no y no!

-   Yo solo quería jugar contigo…  tú haces las interpretaciones que más te convienen, porque tienes miedo de perder si jugamos a la petanca en un lugar que no sea el bosque.

-   No voy a cambiar de opinión.

    Al día siguiente, Caperucita no volvió, ni al otro, ni al otro. Iba a casa de su abuelita por el camino corto y aburrido. Echaba de menos a Lobo, pero estaba cansada de jugar en el bosque  y de que él nunca fuera a visitarla. Tampoco entendía ese miedo que tenía Lobo hacia a la escuela. No tenía por qué ir, ella le quería igual,  además ¡Los sábados estaba cerrada!

  Por su parte, Lobo esperó y esperó y Caperucita no volvía. Empezaba a hacerse a la idea de que nunca regresaría. En realidad, no le tenía miedo a ella, tenía miedo de ir al colegio y de tener que aprender buenos modales. Nunca le había contado que había suspendido en la escuela de lobos y tenía miedo decepcionarla si eso llegase a pasar otra vez, así que no. Esa era su respuesta.  Él quería la caperucita con la que comía tartas sin cubiertos y con la cara sucia y jugaba al escondite entre los árboles. Nada de escuelas.


   Pasaron mucho, mucho  tiempo sin verse, pero un día,  algo interrumpió la rutina de la ahora aburrida vida  de Lobo Feroz, que se había hinchado a zumo de naranja para intentar recuperar, inútilmente, la vitamina C que antes le hacía tan feliz.  Vio algo rojo que caminaba por el bosque y se movía entre los árboles. Ya le había pasado más veces, todas ellas le había dado un vuelco al corazón pensando que se trataba de  Caperucita. Pero no era ella, sino uno de los tres cerditos que había tomado demasiado el sol transformándose el rosado de su cuerpo en color cangrejo.

    Aquella vez, recordó que los tres cerditos tenían un cumpleaños y no estarían en el bosque, por lo que agudizó todos sus instintos lobunos y sigilosamente se asomó detrás de un arbusto a investigar.

   Caperucita iba cantando y caminaba tranquilamente con cuidado de no tropezar con las ramas de árbol esparcidas por el suelo. Ya no era una niña, aunque su sonrisa siguiera siendo igual de dulce y su voz muy  suave, todos los meses transcurridos habían hecho que ésta cambiase su cestita por un bolso más moderno y un teléfono móvil.  Lobo Feroz se preguntaba atónito cómo había sido capaz de confundirla con cerdos rojos por el sol tantas veces.

    La había echado de menos y aunque le costase reconocerlo, quería volver a acercarse a ella. No podía haberle olvidado tan fácilmente, ¿O sí?

   Y sobre la escuela… ya habría tiempo para pensar en eso.

   ¿Qué vas a hacer ahora Bobo Feroz?



Continuará… 

jueves, 26 de enero de 2012

Historias de una historia inconclusa (V)

 LA VERDADERA HISTORIA DE CAPERUCITA ROJA (Primera Parte)
   Continuamos con ésta historia tan intrigante cuyo final desconocemos e incluso tenemos dudas acerca de quiénes son sus verdaderos protagonistas. La segunda historia que aquí se contará es la de Caperucita Roja.  No la que cuentan los libros de niños, no. La real. La que nos contaría cualquier Caperucita si un día nos la encontrásemos por la calle.
  El primer detalle importante que tenemos que conocer es que en realidad, la niña no tenía por qué atravesar el bosque para ir a casa de su abuelita. Lo hacía porque quería. Ese camino le parecía más interesante y allí había conocido, por casualidad,  al temible Lobo Feroz. Que no le pareció tan temible, ni desde luego, tan feroz.  Descubrió que le gustaba su compañía y todos los días por quedarse hablando largo rato con él, llegaba tarde a casa de su abuelita. Y todos los días faltaba un pedacito del pastel que llevaba en la pequeña cestita.
¡Pero es que Lobo Feroz era tan divertido!
 Le contaba cosas extraordinarias que jamás hubiera podido imaginar, como las aventuras y desventuras con los tres cerditos y los siete cabritillos, o cómo había intentado colarse, sin éxito, en el cuento de Hansel y Grettel, por lo que Caperucita se reía y cariñosamente le decía:
-          Hasta mañana Bobo Feroz  ¡Que pases un buen día!
Lobo Feroz soltaba un aullido estremecedor como despedida, deseando que llegara el día siguiente. Le encantaba sentirse querido y admirado.
   No era algo común entre los lobos que, misteriosos,  astutos y solitarios, trabasen amistad con niñas. Pero éste lobito quizás era diferente, o puede ser que los demás no hubiesen intentado hacer vida social, o bien, nunca llegasen a conocer a su Caperucita.
   Muchas tardes pasaron. Unas lluviosas, en las que Lobo Feroz, buscaba las hojas de árbol más grandes para cobijar a Caperucita Roja del agua, por miedo a que se destiñera y quedase rosa, otras soleadas y calurosas, en las que se refugiaban bajo las sombras más grandes para poder comer el pedacito de pastel en un lugar un poco más fresco.
-          Bobo Feroz, te faltaba vitamina C.
   Bobo, perdón, Lobo no lo quería reconocer, pero poco a poco se empezaba a dar cuenta de lo divertida que era su vida desde la llegada de la niña. Hacía cosas nuevas, algunas extrañas, como la manía de Caperucita de recoger todas las margaritas que veía y quitarles los pétalos, lo cual sí, llevaba mucho, mucho tiempo y otras más normales como comer pastel, leer cómics, jugar al veo – veo, a la petanca  o cualquier cosa inesperada que a ésta se le ocurriera  y, por supuesto, se reía mucho mas.
     Al principio de la historia, dijimos que a Lobo Feroz, le daba miedo Caperucita. Pues no fue así exactamente.
Continuará...
     

lunes, 2 de enero de 2012

Fácil

  Eran unos ojos tan oscuros, pero desprendían tanta luz, que si los mirabas fijamente, era fácil ver con claridad lo que estabas pensando, por eso tu decepción retumbó con estruendo en mi cabeza.

    Te diré también que no sabes mentir. Miras al suelo, me miras a mí. Miras al suelo, me vuelves a mirar. No sabes qué hacer con las manos, que se revuelven inquietas hasta que decides meterlas en los bolsillos mientras dices algo que no nos creemos ni tú, ni yo.

   Piensas que suena convincente. Que te creo. Pero tus excusas  se ven desarmadas frente a los ojos transparentes que me miran y delatan más cosas de las que imaginas. No haces más que confirmarme todo lo que ya sabía.

  Así son las cosas. Tú mientes y yo finjo creerte para que todo sea menos complicado. Más fácil, si prefieres. Esa es una palabra que te gusta mucho pero sabes que no encaja conmigo.

   Me despiden tus ojos decepcionados y algo doloridos. No saben que no me pueden mentir, y aunque  lo intenten, a sí mismos tampoco.