lunes, 2 de enero de 2012

Fácil

  Eran unos ojos tan oscuros, pero desprendían tanta luz, que si los mirabas fijamente, era fácil ver con claridad lo que estabas pensando, por eso tu decepción retumbó con estruendo en mi cabeza.

    Te diré también que no sabes mentir. Miras al suelo, me miras a mí. Miras al suelo, me vuelves a mirar. No sabes qué hacer con las manos, que se revuelven inquietas hasta que decides meterlas en los bolsillos mientras dices algo que no nos creemos ni tú, ni yo.

   Piensas que suena convincente. Que te creo. Pero tus excusas  se ven desarmadas frente a los ojos transparentes que me miran y delatan más cosas de las que imaginas. No haces más que confirmarme todo lo que ya sabía.

  Así son las cosas. Tú mientes y yo finjo creerte para que todo sea menos complicado. Más fácil, si prefieres. Esa es una palabra que te gusta mucho pero sabes que no encaja conmigo.

   Me despiden tus ojos decepcionados y algo doloridos. No saben que no me pueden mentir, y aunque  lo intenten, a sí mismos tampoco.

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