domingo, 29 de enero de 2012

Historias de una historia inconclusa (VI)

LA VERDADERA HISTORIA DE CAPERUCITA ROJA (Segunda Parte)     

 -     Bobo, tu… ¿Vendrías conmigo a jugar al pueblo?  – preguntó un día Caperucita - Estoy segura de que lo pasaríamos muy bien, tenemos un parque y ….

Lobo Feroz abrió los ojos como platos. – No – respondió- Me vas a llevar a la escuela.

-   Yo no he dicho que tuvieras que ir a la escuela.

-  Pero ambos sabemos que me querrás llevar.

-  ¡No!

-  No iré y punto. Además seguro que también quieres hacerme comer pastel de chocolate con cubiertos y servilleta. ¡No, no, no y no!

-   Yo solo quería jugar contigo…  tú haces las interpretaciones que más te convienen, porque tienes miedo de perder si jugamos a la petanca en un lugar que no sea el bosque.

-   No voy a cambiar de opinión.

    Al día siguiente, Caperucita no volvió, ni al otro, ni al otro. Iba a casa de su abuelita por el camino corto y aburrido. Echaba de menos a Lobo, pero estaba cansada de jugar en el bosque  y de que él nunca fuera a visitarla. Tampoco entendía ese miedo que tenía Lobo hacia a la escuela. No tenía por qué ir, ella le quería igual,  además ¡Los sábados estaba cerrada!

  Por su parte, Lobo esperó y esperó y Caperucita no volvía. Empezaba a hacerse a la idea de que nunca regresaría. En realidad, no le tenía miedo a ella, tenía miedo de ir al colegio y de tener que aprender buenos modales. Nunca le había contado que había suspendido en la escuela de lobos y tenía miedo decepcionarla si eso llegase a pasar otra vez, así que no. Esa era su respuesta.  Él quería la caperucita con la que comía tartas sin cubiertos y con la cara sucia y jugaba al escondite entre los árboles. Nada de escuelas.


   Pasaron mucho, mucho  tiempo sin verse, pero un día,  algo interrumpió la rutina de la ahora aburrida vida  de Lobo Feroz, que se había hinchado a zumo de naranja para intentar recuperar, inútilmente, la vitamina C que antes le hacía tan feliz.  Vio algo rojo que caminaba por el bosque y se movía entre los árboles. Ya le había pasado más veces, todas ellas le había dado un vuelco al corazón pensando que se trataba de  Caperucita. Pero no era ella, sino uno de los tres cerditos que había tomado demasiado el sol transformándose el rosado de su cuerpo en color cangrejo.

    Aquella vez, recordó que los tres cerditos tenían un cumpleaños y no estarían en el bosque, por lo que agudizó todos sus instintos lobunos y sigilosamente se asomó detrás de un arbusto a investigar.

   Caperucita iba cantando y caminaba tranquilamente con cuidado de no tropezar con las ramas de árbol esparcidas por el suelo. Ya no era una niña, aunque su sonrisa siguiera siendo igual de dulce y su voz muy  suave, todos los meses transcurridos habían hecho que ésta cambiase su cestita por un bolso más moderno y un teléfono móvil.  Lobo Feroz se preguntaba atónito cómo había sido capaz de confundirla con cerdos rojos por el sol tantas veces.

    La había echado de menos y aunque le costase reconocerlo, quería volver a acercarse a ella. No podía haberle olvidado tan fácilmente, ¿O sí?

   Y sobre la escuela… ya habría tiempo para pensar en eso.

   ¿Qué vas a hacer ahora Bobo Feroz?



Continuará… 

2 comentarios:

  1. Aqui lo que pasa es que Bobo Feroz es un bobo con pinta de feroz pero lo que le pasa es que es un cobardica...y claro, jugamos jugamos hasta que se nos acaba el juego y solo queda echar de menos y confundir a caperucita con todo lo qe se mueve xDD. Cuanto bobo feroz hay por ahi suelto...

    Me encanta:) love you (LL)

    Ra.

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  2. Y cuanta caperucita, no??
    Muchas gracias!!^^
    (L)

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