miércoles, 1 de febrero de 2012

La primera impresión

  Por culpa de los nervios derramó el café, escupió mientras hablaba y vocalizar se volvió una tarea más difícil de lo que hubiera imaginado. Intentó serenarse y mantener la compostura, o por lo menos el equilibrio al sostener su taza. Debía de parecer la cosa más desastre del mundo en ese momento  y todo por querer causar una buena impresión.

   Miró con nerviosismo a los ojos examinadores que tenía en frente, preguntándose por el estado de su pelo, o por alguna mancha imprevista en su atuendo. ¿Por qué era tan importante aquella primera imagen, aquel primer encuentro? Si al fin y al cabo no hay peor cosa que ser juzgado y etiquetado por alguien que aun no tiene la suerte- o la desgracia- de conocernos. ¿Es el primer vistazo lo que define cómo somos o qué queremos ser? Lo dudaba, pues creía que las personas son mucho más que una conversación atropellada, y un solo momento no es suficiente para conocer al hombre mas sencillo.

   Respiró hondo y sonrió,  esta vez con más tranquilidad. Se relajó en su asiento y comenzó a parecerse a la persona que era todos los días, la que hablaba y reía con transparencia y sin temor.

  Su interlocutor se revolvió en la silla, quizá con un aire  amigable y menos crítico.  Si no, siempre nos quedara pensar que es, por su parte, una forma muy tonta de perder a alguien, antes de darle tiempo a que nos gane.

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