martes, 18 de junio de 2013

Lo sabes tú y lo se yo.



  Sabía que estaba mal, que no era buena idea, pero aún así siguió adelante. Al fin y al cabo, contaba con que nadie, excepto ella misma en el peor de los casos, saliera malherido. Ignoraba las miradas de reprobación y escuchaba los consejos con incredulidad. ¿Acaso era tan grave dejar de pensar con la cabeza unos instantes? ¿Tanto daño hacía dejarse llevar por una vez por lo que le pedía su interior?
 Por otro lado, el miedo a veces la paralizaba por completo. Querer algo con mucha fuerza, no siempre significa que esté bien, que nos vaya a dar la felicidad o que nos asegure un futuro prometedor a corto y largo plazo. Es más, sabía que aquello sería algo totalmente efímero. Cuestión de días o semanas, puede. No más.
  Qué haces cuando dentro de ti hay dos opiniones distintas. La que te dice lo correcto, lo que debes hacer y te prometerá el elogio y admiración de todos tus conocidos. O bien, lo que realmente quieres.
   Esperaba que alguien, tal vez un golpe de suerte le diera la respuesta, pero pasaban los días y no llegaba.
 
¿El final?
Nosotros lo sabemos y ella, en el fondo, también.


(Para E, una de esas casualidades :) )


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